Dosificación en electrólisis percutánea: intensidad, tiempo y frecuencia desde la evidencia científica
La electrólisis percutánea es una herramienta frecuente en el abordaje de las tendinopatías crónicas dentro de la fisioterapia invasiva. Sin embargo, mientras que sus posibles mecanismos biológicos han sido ampliamente discutidos, la dosificación clínica continúa siendo uno de los aspectos más heterogéneos en consulta.
En la práctica real encontramos variaciones relevantes en:
- Intensidad de corriente aplicada
- Tiempo por impacto
- Número de aplicaciones por sesión
- Frecuencia semanal
- Número total de sesiones
La cuestión clave no es si la técnica puede ser útil, sino cómo debe dosificarse para que tenga coherencia biológica y clínica, evitando tanto la infraestimulación como la sobreintervención.
La evidencia actual permite establecer criterios orientativos, aunque todavía no definitivos.
Fundamento biológico de la dosificación en electrólisis percutánea
La electrólisis percutánea aplica corriente galvánica intratisular generando una reacción electroquímica localizada. Este estímulo induce:
- Cambios de pH
- Liberación de mediadores inflamatorios
- Modulación de la actividad celular
- Alteraciones en la matriz extracelular
La revisión sistemática más reciente sobre efectos biológicos sugiere que la respuesta tisular es dosis-dependiente. Es decir, la intensidad y el tiempo determinan la magnitud del estímulo inflamatorio y celular.
Sin embargo, el objetivo no es provocar la mayor reacción posible, sino generar una respuesta inflamatoria controlada que pueda integrarse posteriormente con carga mecánica progresiva.
Una dosificación excesiva puede aumentar la irritabilidad del tendón y comprometer la progresión funcional.
Intensidad de corriente en electrólisis percutánea: ¿existe una dosis mínima eficaz?
Los ensayos clínicos en tendinopatía suelen emplear intensidades moderadas, generalmente entre 2 y 6 mA en protocolos tradicionales.
Desde la fisiología, la intensidad determina la magnitud de la reacción electroquímica local. Sin embargo:
- Intensidades altas no han demostrado superioridad clara en resultados clínicos.
- Intensidades excesivas pueden generar dolor postintervención que limite el ejercicio posterior.
- En tendones altamente irritables, una intensidad moderada suele ser mejor tolerada.
La evidencia actual no respalda la idea de que “más intensidad” produzca mejores resultados estructurales.
Desde el razonamiento clínico, la intensidad debe individualizarse según:
- Irritabilidad del cuadro
- Fase evolutiva
- Profundidad del tendón
- Respuesta a sesiones previas
El criterio clave es si la intervención permite progresar en carga, no si genera una respuesta local intensa.
Tiempo de aplicación: cómo influye la duración del estímulo en la respuesta tendinosa
El tiempo por impacto suele oscilar entre 3 y 10 segundos en los protocolos clínicos publicados.
El efecto biológico depende de la combinación intensidad-tiempo. Un aumento del tiempo prolonga la reacción electroquímica, pero también incrementa la probabilidad de respuesta inflamatoria excesiva.
En tendinopatías crónicas degenerativas con baja irritabilidad, puede tolerarse una dosis mayor. En cuadros reactivos, tiempos más breves reducen el riesgo de reagudización.
La evidencia no demuestra superioridad clara de tiempos prolongados frente a estímulos moderados repetidos.
En términos prácticos, la duración debe permitir:
- Mantener el programa de carga en la misma semana
- Evitar flare-ups significativos
- Facilitar progresión funcional
Si la intervención compromete la continuidad del ejercicio, la dosificación probablemente es inadecuada.
Número de impactos por sesión: precisión terapéutica frente a sobreintervención
La literatura clínica suele describir entre 2 y 5 aplicaciones por zona afectada.
Un error frecuente es aumentar el número de impactos ante falta de respuesta inicial. Sin embargo, no existe evidencia sólida que respalde una relación lineal entre número de aplicaciones y mejoría clínica.
Desde la lógica biológica:
- El objetivo es estimular el entorno degenerado, no “destruir” tejido.
- Mayor número de impactos aumenta la carga inflamatoria.
- La focalidad es más importante que la cantidad.
La electrólisis debe aplicarse de forma dirigida, especialmente cuando se utiliza guiada por ecografía.
Frecuencia semanal y número total de sesiones: qué sugiere la evidencia en tendinopatías
Los ensayos clínicos publicados suelen aplicar electrólisis:
- Con frecuencia semanal
- Durante 3 a 6 semanas
- Siempre integrada con ejercicio terapéutico
No existe evidencia que respalde aplicaciones múltiples en la misma semana de forma sistemática.
La separación temporal entre sesiones permite:
- Evaluar la respuesta real bajo carga
- Ajustar la progresión del ejercicio
- Evitar acumulación inflamatoria innecesaria
La continuidad de la técnica debe justificarse por cambios funcionales objetivos, no únicamente por reducción subjetiva del dolor.
Integración con ejercicio terapéutico: la dosificación como herramienta subordinada a la carga
La evidencia clínica coincide en que la electrólisis muestra mejores resultados cuando se combina con programas de carga progresiva.
El ejercicio no es un complemento de la técnica; es el eje adaptativo principal.
La dosificación adecuada debe cumplir una condición fundamental:
Permitir aumentar o mantener la carga mecánica sin reagudización relevante.
Si tras la intervención se reduce la carga por exceso de dolor, la técnica deja de cumplir su función facilitadora.
Este enfoque —donde la técnica invasiva está subordinada a la progresión funcional— es coherente con el tipo de razonamiento clínico que se desarrolla en formaciones avanzadas en fisioterapia invasiva, como el Máster en Fisioterapia Invasiva, donde la toma de decisiones prima sobre la mera aplicación técnica.
Riesgos clínicos de una dosificación inadecuada en electrólisis percutánea
Una dosificación mal ajustada puede provocar:
- Dolor postintervención prolongado
- Reacción inflamatoria excesiva
- Interrupción del programa de carga
- Dependencia progresiva de la técnica
En tendinopatías crónicas, la sobreintervención puede aumentar la irritabilidad del tejido y retrasar la adaptación mecánica.
La dosificación debe adaptarse al perfil clínico, no aplicarse de forma protocolizada sin reevaluación.
Conclusión
La evidencia científica actual sugiere que la dosificación en electrólisis percutánea debe caracterizarse por:
- Intensidades moderadas
- Tiempos controlados
- Número limitado de impactos
- Frecuencia semanal
- Integración obligatoria con carga progresiva
No existe respaldo para estrategias sistemáticamente agresivas ni para intervenciones repetitivas sin criterios funcionales claros.
La electrólisis percutánea no debe entenderse como una técnica de “cuanto más mejor”, sino como una intervención precisa cuya eficacia depende de la correcta dosificación y, sobre todo, de su integración dentro del programa de ejercicio terapéutico.
La clave no está en aplicar más corriente, sino en aplicar la mínima dosis eficaz que permita progresar en capacidad tendinosa.
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