Electrólisis percutánea: indicaciones razonadas y cuándo evitarla
La electrólisis percutánea intratisular (EPI®, percutaneous electrolysis, PE) es una intervención mínimamente invasiva utilizada en fisioterapia para abordar lesiones crónicas del tejido blando, especialmente tendinopatías persistentes que no responden adecuadamente a tratamientos convencionales. Consiste en la aplicación ecoguiada de una corriente galvánica a través de una aguja en el tejido afectado, combinando el estímulo mecánico del propio material de punción con un estímulo eléctrico dirigido.
A pesar de su creciente adopción en la práctica clínica, la evidencia científica sobre sus efectos estructurales y sus indicaciones precisas sigue siendo limitada y heterogénea. Esto obliga a analizar con rigor cuándo la electrólisis percutánea puede aportar un beneficio razonado para el paciente y en qué escenarios su uso debería evitarse o reservarse.
¿Qué sabemos de la evidencia actual?
La revisión sistemática más reciente sobre la electrólisis percutánea en tendinopatías muestra que:
- La mayoría de estudios son de calidad baja a moderada, con tamaños muestrales pequeños y protocolos variables.
- La evidencia sugiere que la electrólisis puede reducir dolor e incluso mejorar la función cuando se añade a programas de ejercicio terapéutico estructurado, particularmente con entrenamiento excéntrico.
- Sin embargo, no existe consenso en cuanto a parámetros óptimos de aplicación ni hay clara evidencia de efectos sobre la estructura del tejido (por ejemplo, cambios ecográficos consistentemente reproducibles).
En conjunto, la evidencia actual respalda un uso razonado pero cauteloso, integrándolo —si se usa— como coadyuvante de abordajes activos y no como solución aislada.
Indicaciones razonadas para su uso
1. Tendinopatías crónicas resistentes
Las tendinopatías crónicas —por ejemplo, de rotuliana, aquílea o lateral de codo— suelen presentar cambios degenerativos más que inflamación aguda. Algunos estudios encuentran que cuando la electrólisis se combina con ejercicio excéntrico o terapias activas, se obtienen mayores reducciones de dolor que con los programas activos solos.
Criterios para considerar indicación razonada:
- Dolor persistente > 3 meses
- Diagnóstico confirmado clínico y ecográficamente (cambios en la estructura, engrosamiento)
- Fracaso de tratamientos conservadores bien ejecutados (ejercicio, cargas progresivas, educación)
- Integración con programa de ejercicio estructurado
2. Síndromes dolorosos asociados con tendinopatía
Diversos estudios comparativos sugieren efectos positivos en síndromes como tendinopatía del supraespinoso, donde la adición de electrólisis puede mostrar mayores mejoras en dolor y rango de movimiento a largo plazo comparado con otras técnicas invasivas como punción seca cuando se integra con ejercicio terapéutico.
3. Pacientes con respuesta insuficiente a estrategias pasivas
En contextos donde las intervenciones pasivas (láser, ondas de choque aisladas, electroterapia sin ejercicio) no han generado mejoría significativa, la electrólisis percutánea puede servir como modulador de respuesta para habilitar la progresión de ejercicio y cargas terapéuticas, siempre que el paciente tolere bien el procedimiento.
Escenarios en los que evitar la electrólisis percutánea
1. Dolor predominantemente nociplástico o sin diagnóstico estructural claro
Si el dolor del paciente no está asociado a cambios tendinosos o estructurales demostrables (por ejemplo, dolor nociplástico generalizado, fibromialgia, dolor no específico de tejidos blandos), el uso de electrólisis carece de apoyo específico y puede distraer del abordaje central del dolor.
2. Estados agudos con inflamación activa
En fases agudas o cuando hay signos claros de inflamación activa (calor, edema importante, derrames articulares), no hay evidencia sólida para justificar el uso inmediato de EPI por sí sola. En estos casos, priorizar el control de la inflamación aguda con abordajes clínicos establecidos suele ser más prudente.
3. Pacientes con baja tolerancia al dolor o marcada hipersensibilidad
La electrólisis percutánea puede inducir disconfort local significativo durante y tras la intervención. En pacientes con miedo a la aguja, belonefobia marcada, o elevada hipersensibilidad sistémica, el riesgo de que el estímulo sea mal tolerado puede superar cualquier potencial beneficio.
4. Coagulopatías, infección local o sistémica
Aunque no hay grandes estudios específicos sobre complicaciones graves, las mismas precauciones de cualquier procedimiento invasivo aplican aquí: trastornos de coagulación, infección activa en la zona, o condiciones médicas que aumenten riesgo de sangrado o infección son razones claras para evitar la técnica.
5. Protocolos no integrados o aislados
La evidencia sugiere que PE por sí sola rara vez se ha probado como terapia aislada con resultados superiores consistentes. Su aplicación sin un programa terapéutico activo estructurado (carga progresiva, ejercicio específico) puede limitar tanto la eficacia como la sostenibilidad de los resultados clínicos.
Consideraciones prácticas y de seguridad
Dosificación y parámetros
No existe consenso definitivo sobre la intensidad, duración o número de sesiones óptimo. La literatura revisada muestra heterogeneidad en protocolos —lo que limita la capacidad de estandarizar recomendaciones.
Efectos adversos y tolerabilidad
Los efectos adversos más frecuentemente reportados incluyen dolor transitorio post‑procedimiento y molestias locales, similares a los de otras técnicas invasivas. La posibilidad de placebo/nocebo y expectativas del paciente debe ser considerada al interpretar respuestas clínicas.
Conclusión
La electrólisis percutánea es una intervención que se utiliza en fisioterapia para tendinopatías crónicas y otras lesiones musculoesqueléticas con resultados prometedores pero con evidencia científica todavía limitada y heterogénea. La indicación razonada implica una evaluación clínica estructurada, confirmación diagnóstica, integración con ejercicio terapéutico y una cuidadosa valoración de tolerancia y expectativas del paciente.
Por el contrario, utilizar EPI como técnica aislada, en fases agudas sin criterios claros, o en pacientes con dolor nociplástico o hipersensibilidad marcada, no está respaldado por evidencia sólida y puede conllevar riesgos de uso inadecuado. La investigación futura con protocolos más homogéneos y mayor tamaño muestral permitirá matizar aún más estas recomendaciones.
Referencias bibliográficas
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- Pirri C, Bernardes R, et al. Percutaneous Electrolysis for Musculoskeletal Disorders: Current Evidence and Applications. Healthcare (Basel). 2025;13(15):1793. https://doi.org/10.3390/healthcare13151793

