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Electrólisis y ejercicio excéntrico en tendinopatía rotuliana: ¿la aguja aporta algo más que la carga?

La tendinopatía rotuliana es una de las lesiones por sobrecarga más frecuentes en deportes que implican saltos, cambios de dirección y aceleraciones repetidas. A pesar de los avances en el conocimiento de la fisiopatología tendinosa, continúa siendo una lesión que plantea importantes desafíos en la práctica clínica, especialmente cuando el dolor persiste a pesar de un programa de rehabilitación bien estructurado.

En los últimos años, la electrólisis percutánea ha despertado un gran interés como técnica complementaria dentro de la fisioterapia invasiva. Sin embargo, su creciente utilización también ha generado una pregunta que merece una respuesta basada en evidencia: ¿aporta realmente un beneficio adicional cuando el paciente ya está realizando un programa adecuado de ejercicio?

La literatura científica actual invita a abandonar el debate entre «ejercicio o electrólisis». La verdadera cuestión es comprender qué papel desempeña cada intervención dentro del proceso de recuperación y cómo pueden integrarse para optimizar los resultados clínicos.

La carga mecánica sigue siendo el pilar del tratamiento

Si existe un consenso claro en el manejo de la tendinopatía rotuliana es que la carga mecánica constituye el principal estímulo para la adaptación del tendón.

Durante años, el ejercicio excéntrico fue considerado el tratamiento de referencia. Actualmente, el enfoque ha evolucionado hacia programas de carga progresiva que combinan trabajo isométrico, isotónico, excéntrico y ejercicios de almacenamiento y liberación de energía, adaptándose a la fase clínica y a las demandas funcionales del paciente.

Este cambio de paradigma responde a una mejor comprensión de la biología del tendón. La carga no solo mejora la capacidad funcional, sino que favorece procesos de mecanotransducción capaces de estimular la remodelación del tejido y aumentar progresivamente su tolerancia al esfuerzo.

Desde la práctica clínica, esto tiene una implicación evidente: ninguna técnica invasiva puede compensar un programa de ejercicio mal diseñado. La planificación de la carga continúa siendo la herramienta terapéutica más importante de la que dispone el fisioterapeuta.

Precisamente, este enfoque integrador entre ejercicio terapéutico, ecografía musculoesquelética y técnicas invasivas constituye uno de los pilares formativos del Máster en Fisioterapia Invasiva, donde las decisiones clínicas se fundamentan en la evidencia científica y no en protocolos estandarizados.

¿Por qué algunos pacientes no responden al ejercicio?

Aunque el ejercicio es el tratamiento de referencia, la evolución clínica no siempre resulta favorable.

Es relativamente frecuente encontrar deportistas que, tras varios meses de rehabilitación, continúan presentando dolor durante los saltos, pérdida de rendimiento o incapacidad para recuperar el nivel deportivo previo. En estos casos, el problema rara vez se explica únicamente por la existencia de una alteración estructural del tendón.

Actualmente sabemos que la respuesta clínica depende de múltiples factores: la capacidad del tendón para adaptarse a la carga, la gestión del entrenamiento, el tiempo de evolución de la lesión, la sensibilización del sistema nervioso e incluso variables relacionadas con el contexto deportivo del paciente.

Por ello, limitar el tratamiento a incrementar la intensidad de los ejercicios no siempre ofrece mejores resultados. Es en este escenario donde comienzan a plantearse intervenciones complementarias capaces de facilitar la progresión del programa de rehabilitación.

¿Qué pretende conseguir realmente la electrólisis percutánea?

Uno de los errores más frecuentes consiste en entender la electrólisis como un procedimiento destinado a «reparar» directamente el tendón.

Su objetivo es bastante más complejo.

La aplicación de una corriente galvánica mediante una aguja ecoguiada busca generar un estímulo biológico local que desencadene una respuesta inflamatoria controlada. Este proceso pretende favorecer la activación celular y crear un entorno más adecuado para la remodelación tisular.

Sin embargo, estos mecanismos solo adquieren sentido cuando posteriormente el tendón recibe el estímulo mecánico necesario para reorganizarse.

En otras palabras, la electrólisis no sustituye la adaptación inducida por la carga; intenta crear condiciones que permitan que esa adaptación sea más eficiente.

Esta diferencia conceptual resulta fundamental para evitar expectativas poco realistas tanto por parte del fisioterapeuta como del propio paciente.

¿Qué dice realmente la evidencia científica?

Uno de los primeros ensayos clínicos que despertó un gran interés fue el publicado por Abat y colaboradores en 2016. Los autores compararon un programa de ejercicio excéntrico asociado a electrólisis percutánea ecoguiada con un tratamiento convencional acompañado también de ejercicio, observando una mejor evolución funcional en el grupo que recibió electrólisis.

Este estudio contribuyó de forma importante a impulsar la investigación sobre la técnica, pero también puso de manifiesto la necesidad de interpretar sus resultados dentro de un contexto más amplio.

Las revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados posteriormente sugieren que la electrólisis puede favorecer la reducción del dolor y mejorar la función en determinadas tendinopatías. No obstante, también destacan limitaciones metodológicas relevantes, como la heterogeneidad de los protocolos, el reducido tamaño muestral y las diferencias existentes entre las distintas localizaciones tendinosas.

Por ello, la evidencia actual no permite afirmar que la electrólisis sea superior al ejercicio terapéutico, sino que puede aportar un beneficio adicional cuando forma parte de un programa de rehabilitación correctamente estructurado.

La decisión clínica, por tanto, no debería basarse en la técnica en sí, sino en las características del paciente y en el momento evolutivo de la lesión.

El error más frecuente es convertir la técnica en el tratamiento

En ocasiones, la incorporación de una técnica invasiva modifica el foco de la intervención.

Las sesiones pasan a girar alrededor de la aplicación de la aguja mientras aspectos esenciales como la progresión de cargas, el control de los síntomas, la fuerza del miembro inferior o el retorno progresivo al deporte quedan relegados a un segundo plano.

Esta forma de trabajar contradice el conocimiento actual sobre las tendinopatías.

La mejoría clínica rara vez depende de una única intervención. Habitualmente es el resultado de la combinación de educación terapéutica, control de las cargas, ejercicio específico y, en determinados casos, técnicas complementarias como la electrólisis.

Cuando la aguja se convierte en el tratamiento principal, es fácil sobreestimar su efecto y subestimar el papel de la rehabilitación activa.

¿En qué pacientes puede aportar un valor añadido?

La literatura científica todavía no permite establecer un perfil único de paciente candidato a electrólisis. Sin embargo, sí existen escenarios clínicos en los que su utilización puede resultar razonable.

Puede considerarse especialmente en pacientes con tendinopatías persistentes que no han respondido de forma satisfactoria a un programa de ejercicio bien ejecutado, siempre que continúen presentando limitaciones funcionales relevantes y que la progresión de la carga se encuentre estancada.

En estos casos, la técnica no debería plantearse como una alternativa al ejercicio, sino como un recurso adicional para facilitar la evolución del tratamiento.

La ecografía musculoesquelética adquiere aquí un papel especialmente importante, ya que permite aumentar la precisión del procedimiento, mejorar la seguridad durante la intervención e integrar la información anatómica dentro del razonamiento clínico global.

Precisamente, el dominio de estas competencias constituye uno de los aspectos diferenciales que desarrolla el Máster en Fisioterapia Invasiva, donde la ecografía no se entiende únicamente como una herramienta de guiado, sino como un elemento clave para la toma de decisiones clínicas.

La clave no está en elegir entre ejercicio o electrólisis

La evolución del conocimiento científico ha cambiado la forma de entender las tendinopatías.

Hoy sabemos que la pregunta correcta no es si debemos utilizar ejercicio o electrólisis, sino cómo integrar ambas intervenciones dentro de una estrategia terapéutica coherente.

Cuando el ejercicio está correctamente dosificado, la carga progresa de forma individualizada y la técnica invasiva se aplica con una indicación precisa, ambas herramientas pueden complementarse.

Sin embargo, cuando la electrólisis intenta sustituir los principios básicos de la rehabilitación, es poco probable que consiga modificar por sí sola la evolución del paciente.

Conclusión

La electrólisis percutánea representa una herramienta con fundamentos biológicos plausibles y una evidencia científica cada vez más sólida, aunque todavía con limitaciones metodológicas que obligan a interpretar los resultados con prudencia.

El conocimiento actual sugiere que su mayor utilidad no reside en reemplazar el ejercicio terapéutico, sino en integrarse dentro de un programa de carga progresiva diseñado a partir del razonamiento clínico.

Para el fisioterapeuta, el verdadero desafío no consiste en dominar una técnica invasiva, sino en identificar qué pacientes pueden beneficiarse de ella, en qué momento incorporarla y cómo combinarla con el resto de intervenciones para obtener una recuperación funcional sostenible.

Referencias bibliográficas

  1. Abat F, Gelber PE, Polidori F, Monllau JC, Sánchez-Ibáñez JM. Clinical results after ultrasound-guided intratissue percutaneous electrolysis (EPI®) and eccentric exercise in the treatment of patellar tendinopathy. Knee Surg Sports Traumatol Arthrosc. 2016;24(4):1047-1052. doi:10.1007/s00167-014-2855-2. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27854082/ 

02/09/2026

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Albi

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