¿Qué pacientes con dolor persistente pueden beneficiarse de la neuromodulación percutánea?
El abordaje del dolor persistente representa uno de los mayores desafíos en fisioterapia musculoesquelética. A diferencia del dolor agudo, donde el componente inflamatorio periférico suele ser predominante, el dolor crónico implica una interacción compleja entre factores periféricos, espinales y suprasegmentarios.
En este contexto, la neuromodulación percutánea ecoguiada ha ganado protagonismo como herramienta dentro de la fisioterapia invasiva, dirigida a modificar la excitabilidad del sistema nervioso periférico y, potencialmente, influir sobre la modulación central del dolor.
Sin embargo, no todos los pacientes con dolor persistente son candidatos adecuados. La clave no está en la duración del síntoma, sino en el mecanismo predominante que mantiene el dolor.
Dolor persistente no es sinónimo de sensibilización central
Uno de los errores clínicos más frecuentes es asumir que todo dolor de larga evolución está dominado por sensibilización central. Si bien este mecanismo es frecuente, muchos pacientes con dolor persistente presentan todavía un driver periférico relevante.
La neuromodulación percutánea puede tener sentido cuando existe:
- Irritación neural periférica
- Sensibilización segmentaria
- Alteración en la excitabilidad motora asociada al dolor
- Input nociceptivo mantenido desde estructuras periféricas
Por tanto, el primer paso es identificar si el sistema nervioso periférico sigue actuando como generador activo del síntoma.
Perfil 1: Pacientes con dolor persistente y predominio periférico
Son aquellos pacientes en los que el dolor:
- Es localizable y reproducible mecánicamente
- Presenta irradiación coherente con trayecto neural
- Mejora parcialmente con descarga o modificación mecánica
- Muestra hipersensibilidad localizada más que generalizada
En estos casos, la modulación directa del nervio periférico puede reducir la excitabilidad aferente y facilitar la progresión funcional.
No se trata de “apagar el dolor”, sino de disminuir el input nociceptivo para permitir intervención activa posterior.
Perfil 2: Dolor persistente con inhibición muscular asociada
En muchos cuadros musculoesqueléticos crónicos aparece inhibición muscular refleja secundaria al dolor, como:
- Inhibición del cuádriceps en patología anterior de rodilla
- Disfunción del glúteo medio en dolor lateral de cadera
- Alteración de musculatura cervical profunda en dolor cervical
Cuando el dolor limita la activación voluntaria, la estimulación eléctrica percutánea puede facilitar la excitabilidad motora y mejorar la activación muscular.
El beneficio potencial en estos pacientes no es únicamente analgésico, sino también motor.
Perfil 3: Dolor con componente neuropático periférico leve
Pacientes que presentan:
- Parestesias intermitentes
- Dolor irradiado mecánicamente reproducible
- Hipersensibilidad neural localizada
En estos casos, la neuromodulación puede actuar sobre el nervio periférico irritado, disminuyendo la hiperexcitabilidad.
Es importante diferenciar este perfil de neuropatías estructurales severas o lesiones axonales establecidas, donde la técnica no está indicada.
Perfil 4: Pacientes con respuesta parcial a tratamiento activo
Algunos pacientes progresan con ejercicio terapéutico pero presentan:
- Estancamiento por dolor residual
- Dificultad para aumentar carga
- Reagudizaciones frecuentes ante incrementos de demanda
En estos casos, la neuromodulación puede utilizarse como herramienta facilitadora para continuar progresión.
La indicación no es sustituir el ejercicio, sino permitir que el paciente lo tolere mejor.
¿Qué pacientes probablemente no se beneficien?
La técnica tiene menor coherencia clínica cuando predomina:
- Sensibilización central marcada con hiperalgesia generalizada
- Dolor desproporcionado no reproducible mecánicamente
- Alta carga psicosocial dominante
- Expectativa de “solución técnica” pasiva
En estos perfiles, la modulación periférica aislada rara vez modifica el cuadro clínico de forma significativa.
Asimismo, no debe indicarse cuando el dolor persistente se mantiene por desajuste de carga y no por mecanismo neural predominante.
Evaluación clínica previa a la indicación
Antes de decidir aplicar neuromodulación percutánea, conviene analizar:
- ¿Existe correlación anatómica clara con un nervio periférico?
- ¿El dolor es mecánicamente reproducible?
- ¿Existe inhibición motora asociada?
- ¿El paciente progresa parcialmente con carga?
- ¿La intervención facilitará adaptación funcional?
Si la respuesta es afirmativa en varios de estos puntos, la técnica puede tener sentido dentro del plan.
Este tipo de razonamiento —centrado en mecanismos y no en etiquetas diagnósticas— forma parte del enfoque clínico avanzado en fisioterapia invasiva desarrollado en el Máster en Fisioterapia Invasiva, donde la selección del paciente es prioritaria frente a la aplicación protocolizada.
Integración obligatoria con intervención activa
Incluso en pacientes bien seleccionados, la neuromodulación percutánea debe integrarse con:
- Ejercicio terapéutico
- Reentrenamiento motor
- Exposición progresiva a carga
- Educación en dolor
La técnica no modifica por sí sola la capacidad funcional.
El objetivo es modular el entorno neurofisiológico para facilitar adaptación activa posterior.
Conclusión
Los pacientes con dolor persistente que pueden beneficiarse de la neuromodulación percutánea ecoguiada son aquellos en los que:
- Persiste un componente neural periférico relevante
- Existe sensibilización segmentaria predominante
- Hay inhibición muscular asociada al dolor
- Se necesita facilitar progresión de carga
No todos los cuadros crónicos son candidatos. La duración del dolor no determina la indicación; el mecanismo predominante sí.
La selección adecuada del paciente es el principal factor de seguridad y eficacia en esta técnica.
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